- Educación
Tenés 15 años y ya pensás en estudiar afuera: por dónde empezar
Hay una edad en la que la idea empieza a rondar la cabeza: “me gustaría estudiar en el extranjero”. A veces llega por un video, por un primo que se fue o por una conversación en el colegio. Y casi siempre llega antes de que exista un plan.
La buena noticia es que no hace falta tener el plan completo a los 15 años. Lo que sí hace falta es empezar a moverse en la dirección correcta, porque los años de bachillerato son exactamente el momento en que se construye —o no se construye— la base que después hace posible ese sueño.
Este momento tiene incluso un nombre en la psicología vocacional: se le conoce como la etapa de exploración, un período en el que las personas jóvenes empiezan a probar intereses, tomar decisiones tentativas y formar una idea más clara de quiénes son antes de comprometerse con una ruta profesional (Super, 1990). No es una etapa para tener certezas. Es una etapa para investigar.
Hay tres frentes que conviene trabajar en paralelo desde ahora: las notas, el idioma y el autoconocimiento. Ninguno se construye de un día para otro, y por eso cuanto antes se empiece, con menos presión se llega al momento de aplicar.
📚 1. Las notas: no es “sacar buenas notas”, es construir un historial
Cuando una universidad extranjera revisa la aplicación de un estudiante, no ve una sola nota de un solo año. Ve una trayectoria: cómo fue el rendimiento a lo largo de varios años, si hubo constancia y si el estudiante se atrevió a tomar cursos más exigentes cuando pudo.
Esto significa que lo que un estudiante hace en noveno o décimo año ya forma parte de esa historia, incluso si todavía falta tiempo para aplicar.
Qué se puede hacer desde ya:
- Cuidar la constancia más que la perfección: es mejor un historial sólido y estable que una nota perfecta seguida de bajones.
- Prestar atención extra a matemáticas, ciencias y comprensión lectora: son las áreas que más se revisan, sin importar la carrera.
- Si el colegio ofrece cursos más avanzados o exigentes, considerarlos. Las universidades valoran que el estudiante se haya atrevido a retarse, no solo que tenga notas altas en lo más fácil.
- Hablar con la orientación del colegio sobre qué opciones existen para fortalecer el expediente académico en los años que quedan.
🗣️ 2. El idioma: no se aprende en un examen, se aprende con tiempo
El inglés —u otro idioma, según el destino— suele ser el punto donde más presión sienten las familias en el último año de colegio, porque de repente hay que preparar un examen estandarizado con el nivel que se tenga en ese momento, sea cual sea.
La solución no es empezar a estudiar más fuerte en undécimo año. Es empezar antes, porque la fluidez real en un idioma se construye de forma progresiva, no durante un semestre intensivo.
Existe incluso una escala internacional —el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas— que describe el dominio de un idioma en seis niveles, desde el uso más básico hasta el dominio casi nativo. Esta ayuda a entender que avanzar de un nivel a otro requiere tiempo real de exposición y práctica, no solo memorización de vocabulario (Council of Europe, 2020).
Qué se puede hacer desde ya:
- Consumir contenido en el idioma meta todos los días: series, música, redes sociales o videojuegos. Puede ser lo que sea, siempre que se haga de manera constante.
- Buscar espacios de conversación real, no solo clases formales: intercambios, clubes de conversación o tutorías.
- Si es posible, tomar un examen de nivel —no el examen oficial final, sino una medición— para saber en qué nivel del marco de referencia se encuentra el estudiante y no llegar al último año sin conocer su punto de partida.
- Leer y escribir en el idioma, no solo escucharlo: la comprensión auditiva y la producción escrita se entrenan por separado.
🧭 3. La autoexploración: conocerse antes de elegir
Este es el frente que más se suele omitir y probablemente sea el más importante.
Es común que un estudiante de 15 años sienta la presión de “ya saber qué quiere estudiar”. Pero la realidad es que, a esta edad, todavía se encuentra en pleno proceso de descubrir sus intereses, fortalezas y formas de trabajar. No es el momento de tener una respuesta definitiva (Super, 1990).
Un marco que se utiliza con frecuencia en orientación vocacional para estructurar esta exploración es el modelo RIASEC. Este agrupa los intereses vocacionales en seis categorías —Realista, Investigativo, Artístico, Social, Emprendedor y Convencional— y ayuda a identificar patrones entre lo que a alguien le gusta hacer y los entornos de trabajo en los que probablemente se sentiría más a gusto (Holland, 1997).
No es un test que “dice qué carrera estudiar”; es una herramienta para empezar a hacerse las preguntas correctas.
Qué se puede hacer desde ya:
- Prestar atención a las actividades que el estudiante elige hacer por su cuenta, sin que se lo pidan. Eso suele decir más que las materias del colegio.
- Probar experiencias reales relacionadas con posibles áreas de interés: un taller, un voluntariado, una pasantía corta o una conversación con alguien que ya trabaje en ese campo.
- Realizar un ejercicio estructurado de autoexploración —como un instrumento basado en el modelo RIASEC—, no para “decidir la carrera”, sino para contar con un lenguaje común que permita conversar sobre el tema en casa.
- Evitar cerrar opciones demasiado pronto: a los 15 años, mantener varias puertas abiertas es una estrategia, no una indecisión.
🧩 Por qué conviene trabajar los tres frentes juntos
Las notas, el idioma y el autoconocimiento no son procesos separados que compiten por el tiempo del estudiante: se alimentan entre sí.
Un estudiante que comienza a explorar sus intereses reales suele comprometerse más con sus notas porque entiende para qué las necesita. Quien mejora su dominio de otro idioma gana confianza para explorar experiencias internacionales, becas o programas de verano que, a su vez, alimentan su autoconocimiento.
Además, un historial académico sólido y sostenido en el tiempo es lo que después permite que todas esas opciones permanezcan abiertas.
Ninguno de los tres frentes se resuelve durante un fin de semana. Por eso, la pregunta correcta a los 15 años no es “¿ya sé qué quiero estudiar?”, sino:
“¿Estoy construyendo, poco a poco, la base que me permitirá elegir con libertad cuando llegue el momento?”
👨👩👧 Para las familias
No se espera que un estudiante que se encuentra en los primeros años de bachillerato tenga todo resuelto. Se espera que empiece a moverse.
El rol de la familia en esta etapa no es presionar para que tome una decisión, sino sostener el proceso: preguntarle qué está descubriendo, apoyar la constancia en el idioma y las notas, y ofrecerle experiencias que amplíen su mundo en lugar de reducirlo demasiado pronto a una sola opción.
Contar con acompañamiento en este momento —antes de que llegue la presión del último año— puede ayudar a vivir esta etapa con curiosidad en lugar de ansiedad.
Empezar temprano no significa tener prisa. Significa darle tiempo al proceso que realmente lo necesita.
Antes de tomar decisiones
Este artículo ofrece una guía general de preparación. Cada estudiante tiene un ritmo diferente, y el acompañamiento vocacional y académico personalizado permite adaptar estas recomendaciones a su perfil específico.
En Propella acompañamos a estudiantes desde las primeras etapas del bachillerato en la construcción de su perfil académico, el fortalecimiento de su nivel de idioma y su proceso de autoexploración vocacional, para que el proyecto de estudiar en el extranjero se construya con tiempo e información, no con la presión del último momento.
Referencias
Council of Europe. (2020). Common European Framework of Reference for Languages: Learning, teaching, assessment – Companion volume. Council of Europe Publishing.
https://www.coe.int/en/web/common-european-framework-reference-languages
Holland, J. L. (1997). Making vocational choices: A theory of vocational personalities and work environments (3rd ed.). Psychological Assessment Resources.
Super, D. E. (1990). A life-span, life-space approach to career development. En D. Brown, L. Brooks, & Associates (Eds.), Career choice and development: Applying contemporary theories to practice (2nd ed., pp. 197–261). Jossey-Bass.
Nota: estas fuentes reflejan modelos teóricos ampliamente utilizados en la orientación vocacional y en el marco europeo de enseñanza de idiomas. No constituyen una evaluación clínica ni psicológica individual; cada proceso de orientación debe adaptarse al estudiante específico.